El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.

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jueves, 4 de octubre de 2012

Expertos columnistas.


   Cada vez aparecen por los distintos medios de comunicación más y más tertulianos que se creen con los conocimientos suficientes para hablar de todo, lo que hace que no sientan vergüenza a la hora de decir auténticas barbaridades.

  Una de ellas la leí hace poco al respecto de las jornadas laborales, las vacaciones y las pagas extra. El “experto columnista” no entiende cómo puede la gente pensar en cobrar pagas extras por no hacer más que su trabajo o cómo pretenden cobrar por estar un mes de vacaciones y cobrar por ello, supongo que porque piensa sólo en quién escribe de vez en cuando en algún medio o asiste a alguna tertulia y cobra sólo cuando lo hace.  No sé si es por su falta de conocimientos o lo hace de mala fe, pero para sacarle de su desconocimiento, intentaré explicar porqué esto funciona así.

   Imaginemos un “experto columnista” que cobra por cada artículo que entrega. Digamos que entrega uno al día. Día que no escribe, día que no cobra. Ahora supongamos que el medio en cuestión necesita asegurarse una serie de artículos fijos cada semana, y propone a algunos de los mejores un contrato para que escriba uno diariamente de manera fija, y en lugar de pagarle por cada uno de ellos, le pagará al final de cada mes y el importe se actualizará anualmente con el IPC.
   
   Al cabo del tiempo, el “experto columnista” ve que tiene muchos seguidores, y le pide un aumento a su jefe. Llegan a un acuerdo, pero deciden no pagarle ese aumento cada mes, sino pagarle el doble, digamos, cada seis meses. Acaba de nacer la paga extra.

  Pero el “experto columnista”, al cabo de los meses, se considera mal pagado, y exige otra mejora en su salario. La empresa no se lo puede permitir, pero le propone otra posibilidad: le dejará estar un mes sin escribir y le pagará como si lo hubiera hecho, algo que acepta nuestro protagonista porque ya empieza a sentirse un poco cansado y piensa que le vendrá bien parar de trabajar una vez al año. Acaban de nacer las vacaciones pagadas.

  Al cabo de los años, la empresa pasa por un pequeño bache y no puede actualizar la paga mensual con el IPC. Habla con el “experto columnista” y llegan al acuerdo de que a cambio de ese incremento, se puede coger algunos días libres sueltos al año en los que no tendrá necesidad de entregar artículo alguno. Y además, como agradecimiento a su fidelidad, le daría uno más cada quinquenio. La subida económica no se recuperaría nunca, pero a cambio le mantendría los días libres. Acaban de nacer los días de libre disposición.

  Entre tanto, los accionistas, hartos de que cada nueva junta directiva que llega coloque a conocidos “de su cuerda” dispuestos a hacer lo que les manden, fuera o no bueno para la empresa, y a cambio eche a buenos trabajadores que no hacían lo que ellos querían, decidió hacer fijos a estos buenos empleados y protegerles con una buena indemnización en caso de despido improcedente o, simplemente, no contemplar su despido si no es por causas muy bien especificadas. Así se asegurarían de que los nuevos directivos estuvieran controlados para que no pudieran hacer nada que fuera contra los principios de la entidad y, además, los trabajadores se sentirían libres para expresar su opinión y negarse a hacer esas tareas impropias. Y cada trabajador que ingresara en la empresa a partir de ese momento, lo haría en un proceso abierto a todo aquel que quisiera presentarse,  y entrarían los mejores bajo los principios de igualdad, mérito y capacidad. Y además, reservarían algunas plazas para aquellos a los que la vida se lo ha puesto un poco más difícil que al resto.

  Y así pasaron los años todos en feliz armonía. Uno escribía, hacía bien su trabajo, cobraba puntualmente y se sentía satisfecho con su vida y la empresa funcionaba correctamente dando un buen servicio a la sociedad. Y no solo eso: a nuestro amigo se le sumaron otros trabajadores también dispuestos a perder algo de poder adquisitivo a cambio de tener una cierta estabilidad en su empleo y más tiempo libre que poder dedicar a su familia, a sus hobbies o, simplemente, a descansar.

  Pero en un determinado momento cambiaron los jefes y llegaron nuevos accionistas a mandar en la empresa. Votaron y cambiaron toda la junta directiva. Y decidieron contratar a un “experto auditor economista” para que “optimizara los procesos” y mejorara las “cuentas de resultados”.

  Este experto cobraría por cada informe que redactara y le supusiera un ahorro a la empresa. Y descubrió el contrato del “experto columnista”. Y, claro, no entendió como este señor estaba cobrando incluso meses que no trabajaba. Y además, tenía dos pagas extras al año, sólo por hacer su trabajo. Y no era eso todo: además, había días en los que, porque a él le parecía bien, no aparecía por el trabajo. Y encima les había puesto un nombre graciosillo como “puente”, “moscoso”, “canoso” o algo así. Y lo que era peor: había muchos más trabajadores como él.

   Este nuevo “iluminado” fue con el informe a sus jefes, entre los cuales había alguno que conocía perfectamente el origen de todos estos “privilegios”, pero que se calló astutamente pensando en el incremento en “bonus” que esto le iba a suponer. Y el “experto en marketing” tuvo una idea genial: nos callamos el porqué los tienen, y hacemos una campaña comparándolos con los de las empresas anunciantes, que son los que finalmente pagan los sueldos al pagar por la publicidad, y así conseguiremos que se revolucionen y presionen a sus dueños para que nos presionen a nosotros para que les quiten esos privilegios porque “los pagan ellos con lo que les quitan de la nómina”. Y como saben del nivel cultural, inteligencia y envidia que existe entre “la masa”, seguro que se dejarán el alma para que se los quiten, en lugar de reclamar por tenerlos ellos.

   Y ahora yo le preguntaría a nuestro “experto columnista” qué le parece la opinión del “iluminado” recién llegado. Supongo que lo mismo que les parece la suya a millones de trabajadores.

  Quizá uno de los problemas de este mundo no es que sobren las vacaciones pagadas. Quizá es que sobra tanto “experto columnista”.


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